Los Propios Dioses
Hace tiempo que me leí esta obra cumbre de la ciencia-ficción. Ganadora de los premios Nebula, Hugo y Locus a la Mejor Novela de Ciencia Ficción, era considerada por Asimov, su autor, como lo mejor que nunca ha escrito.
Asimov, prolífico autor de ciencia-ficción, no solía tratar temas como la sexualidad y la vida extraterrestre en sus novelas, aunque estas fueran temas recurrentes en el genero. Los Propios Dioses nació en su momento como una respuesta a las críticas de los fans, que le pedían precisamente la inclusión de estos temas en sus obras.
¡Y de qué manera lo hizo! Hablar de extraterrestres, para Asimov, no significa hablar de hombrecillos grises de ojos saltones. Significa construir una sociedad totalmente diferente a la nuestra, en la que vivan seres totalmente diferentes a nosotros pero con problemas ligeramente similares a nuestros mismos problemas. La manera en que Asimov trató a sus “Blandos” y a sus “Duros” dejaba en ridículo a todo lo que se había hablado sobre vida extraterrestre anteriormente y tardó todavía mucho tiempo en ser, no superada, sino igualada.
La novela en sí es, además, una metáfora sobre los problemas mediambientales que generan los combustibles fósiles y las fuentes de energía actuales. En ella se presenta una tecnología fictícia capaz de generar energía en grandes cantidades con un mínimo precio. Un joven físico descubre que el sistema tiene ciertos “errores de planteamiento” que ponen en peligro la estabilidad del Sol y, por extensión, la vida en el Sistema Solar. Las críticas del joven idealista son acalladas por un científico mediocre pero famoso por ser el “descubridor” casual de dicha tecnología.
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