Cansado hasta límites insospechados
“Oye, no sé si eres tú el que te encargas de eso, pero no me funciona internet”
Sin mirarlo siquiera, estaba ocupado con otras cosas, le pregunto
“¿Cuando te ha empezado a fallar?”
“Pues ayer me funcionaba, hoy he llegado con el portátil, he conectado el cable y nada.”
“Ok. En un momento me lo miro.”
Sigo con mis cosas mientras pienso… ¿Ha conectado el cable? ¿Porque coño me ha dicho que ha “conectado el cable” y no que ha “conectado el portátil”, que sería lo normal?
Llego a su mesa, echo un vistazo por encima del cableado, no sea que el cable esté alegramente suelto. A simple vista, todo parece correcto. Y no, no tiene conexión. Reviso mas a fondo el cable. Tres sorpresas.
Primera: El cable estaba conectado en una toma reservada para teléfonos (como bien indicaba el cartelito “Telf” de encima).
Segunda: La propia toma estaba hundida, como si le hubieran pegado con un martillo.
Tercera: la lengueta del jack que en principio estaba dentro del portátil estaba rota, con lo que el cable se movía que lo flipas y a cada momento perdía el contacto.
Le enseño la lengueta rota y le pregunto que qué ha pasado con el cable.
“Es que me lo llevé a casa, porqué no me funcionaba el inalámbrico”
“Pero si vine y te la configuré yo mismo. Te funcionaba perfectamente”
“Si, pero me pide una contraseña”
“Te la dejé apuntada en un papel. Es mas, te expliqué dónde encontrarla, en la parte de abajo del router”
“Ya, pero es muy complicado, así que siempre cojo el cable”
(temiéndome lo peor) “Y… como sacas el cable, exactamente?”
“Pues tirando, hombre. Como va a ser, sino?”
Aqui tenemos porqué uno de los extremos del cable tiene la lengueta rota. Fantástico. ¿Me tengo que agachar para sacar el cable? ¡No jodas! Mejor tiro de él, me lo cargo y luego iré con el cuento de “No funciona interné” al informático, que lo arregle, que sabe mucho.
“Vaaaale, a ver… ¿y como conectas el cable?”
“Pues… conectándolo. ¿Porqué?”
“No, por nada. ¿Te suele costar, conectarlo?”
“Pues… hoy me ha costado lo suyo, al final ha entrado a golpes”
Con un par. Si señor. Dale fuerte al cable, que se resiste.
Bueno, pues nada. Intento sacar el cable incrustado en una toma hundida a la que ni tan solo debería intentar conectarse. Me cuesta lo suyo y al final, con destornillador en mano y paciencia, lo he sacado.
Le he cambiado el cable, lo he conectado en la toma correcta y todo le fué rodado.
Una de las cosas que mas me jode de este energúmeno es que, además, no tiene ningunas ganas de saber que le pasaba al ordenador. Seré yo, pero me parece una falta de educación grave intentar explicarle a alguien que debe presionar la lengueta del cable antes de sacarlo y que te suelte un “Si, si”, pa que te calles y se ponga a llamar a su mujer.
Entre esto y que ayer formateé un ordenador, hoy no he parado ni cinco minutos tranquilo. Porque a cada momento, me estaba llamando la chica del ordenador reformateado, con problemas gravísimos que no podía resolver ella sola.
Léase:
- No habia el flash instalado
- Outlook no mandaba ni recibía automaticamente los e-mails.
- No estaba instalado el plug-in de Alexa instalado.
- No estaba instalada la tipografía con la que solía escribir los e-mails.
- Los documentos del servidor los abría como “solo lectura”.
- Un plug-in de sincronización de Outlook le pedía la contraseña del servicio con el que se sincroniza.
Reconozco que el 5 era un problema técnico. El 6 se convirtió en un “problema técnico” cuando se intentó acceder con vete a saber tu que contraseñas catorce veces (tengo los logs delante), y claro, se le bloqueó el usuario. ¿Lo demás? Joder…
En serio. No pido que sepan informática. Solo pido que si están trabajando delante de un ordenador sepan utilizar sus herramientas de trabajo a un nivel básico.


