Ateismo y agnosticismo
Soy un ateo por los cuatro costados. Me costó mucho tiempo decirlo. He sido ateo desde hace años, pero de alguna manera sentía que era intelectualmente irrespetuoso decir que uno era ateo, porque suponía un conocimiento que no poseía. Era más correcto decir que se era humanista o agnóstico. Finalmente he decidido que soy un ser tanto emocional como racional. Emocionalmente soy un ateo. No tengo las pruebas para demostrar que dios no existe, pero sospecho con tanta intensidad que no existe, que no quiero perder el tiempo en ello.
Me encanta esta cita. Asimov se define como un agnóstico, pero se reconoce ateo, dando así por superado un conflicto entre la razón y las emociones.



No la habia leido, pero es realmente buena la verdad
Yo soy una persona racional y emocional y creo en Dios. Pruebas hay suficientes.
Sin querer llevar la contraria a Susie, creo firmemente en la imposibilidad de probar la existencia de Dios.
La mágia de la fé religiosa es que debe ser acrítica: Requiere que no la pruebes. Tu no puedes creer en algo si tienes pruebas sobre ello, puesto que ya dejas de “creer” y pasas a “saber”.
Si crees que Dios existe, perfecto, es algo personal e intransferible a lo que llegas mediante tus sentimientos personales. Me encanta, no puedo discutir -ni quiero- sobre tus creencias. Si tienes pruebas de la existencia de Dios, tu afirmación en la existencia de Dios no se basa en tu experiencia personal, sino en algo externo a tí, y por lo tanto, la existencia de Dios ya deja de ser una creencia y pasa a ser, para tí, una Verdad Universal.
Las creencias son bonitas. Dán al hombre esperanza en un futuro mejor cuando los sentidos nos dicen que el único futuro del individuo es el barro. Esas creencias son lo que nos separa de las béstias. Pervertirlas y convertirlas en verdades es un despropósito. Recomiendo encarecidamente la visualización de la película Dogma (1999), de Kevin Smith, con Ben Affleck y Matt Damon. Aún siendo una comédia satírica en clave religiosa, el diálogo que tiene Bethany (Linda Fiorentino) con Rufus (Chris Rock) en el tren simplemente no tiene desperdicio, y bastante acorde con esa problemática “saber”/”creer” (aunque utilice terminología diferente).
Todo eso para decir, básicamente, que aquí es donde se encuentra la diferencia entre una persona religiosa y una fanática, y también que se puede ser fanático de ambos lados, el teísta y el ateísta. No importa qué es lo que defiendan, se és fanático cuando aseguras que tienes pruebas en contra de las teorías de los otros o a favor de las tuyas.
Esta frase de Asimov huye del fanatismo, al mismo tiempo en el que se posiciona claramente en uno de los dos extremos (”Soy un ateo por los cuatro costados”). Me encanta.
Por cierto, me declaro agnóstico con ciertas tendencias estramboticopanteistas. ¿A que mola?